A principios de mes, Isabel Caballero fue designada como coordinadora de la Fundación Cermi Mujeres. Jurista de formación, tiene muy claro hacia dónde y cómo trabajar para conseguir una plena equidad entre hombres y mujeres, así como para restituir a la mujer con discapacidad de sus derechos, tantas veces escamoteados.

La situación actual no es un páramo, pero tampoco un vergel. Viene con ganas y con un perfil adecuado para las tareas que pretende emprender. ¿Qué ha supuesto para usted este nombramiento? Sin duda, profesionalmente ha sido un importante desafío personal para mí pero, sobre todo, es un gran paso para el movimiento asociativo de la discapacidad en España, que se convierte de esta manera en pionero a la hora de abordar las desigualdades de género en el seno de este sector de la población.

¿Cuáles serán las directrices que pretende impulsar como coordinadora de la Fundación?

El trabajo que va a desarrollar la Fundación cuenta con un enfoque de derechos humanos, por lo tanto ése va a ser el gran reto. Traducir al lenguaje de los derechos las reivindicaciones de las mujeres y niñas con discapacidad. Tenemos un marco de referencia fundamental: la Convención sobre los derechos de las Personas con Discapacidad, además de documentos guía como el segundo Manifiesto de los derechos de las mujeres y niñas con discapacidad de la Unión Europea. Un punto importante en la agenda es generar conciencia en este ámbito.

Conciencia entre las mujeres con discapacidad y también en el movimiento asociativo, porque todavía hay quien considera que luchar por erradicar las desigualdades de género es una tarea que no incumbe directamente a las organizaciones de personas con discapacidad.

Por supuesto, también pensamos llevar las demandas de las mujeres y niñas con discapacidad a todos los foros donde se adoptan las decisiones, incluyendo foros internacionales de relevancia.

A su juicio, ¿cuáles son las más urgentes áreas en las que trabajar?

Hay algunas cuestiones que son especialmente urgentes. Por ejemplo, para hacer un buen trabajo es preciso conocer cuál es la situación de partida, y ahí existe una gran laguna que ha de ser solventada.

Las estadísticas oficiales siguen ignorando a las mujeres y niñas con discapacidad, lo que dificulta en extremo el diseño de iniciativas ajustadas a la realidad. Esto es algo que hay que cambiar de inmediato. Y más allá de la estadística oficial, nos interesa también conocer cuáles son las necesidades percibidas y sentidas por las propias mujeres con discapacidad. Su participación directa en las iniciativas que emprenda la Fundación es un elemento clave, que permitirá a su vez promocionar su presencia.

Otra cuestión urgente es el tema de la violencia de género. En nuestro país se ha avanzado mucho en este ámbito, pero todavía desconocemos qué está pasando con las mujeres con discapacidad. Una de las propuestas que manejamos es la puesta en marcha de una macro-encuesta sobre esta cuestión.

Dejo apuntado un tercer tema, el ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres con discapacidad.

Son todas cuestiones de mucho calado. Así como se habla de doble discriminación cuando se alude a la mujer con discapacidad, ¿hay discapacidades todavía más discriminantes que otras?

Como apunte inicial habría que explicar qué es eso de la doble discriminación y compararla con la discriminación inter-seccional, que es el paradigma teórico desde el cual trabajamos en la Fundación.

Ciertamente, una mujer con discapacidad sufre doble discriminación en la medida en que el género y la discapacidad son construcciones sociales frente a las cuales la sociedad mantiene estereotipos y falsas ideas que conducen, aún hoy día, a situaciones de exclusión. La doble discriminación sería, por lo tanto, la suma de las discriminaciones que cualquier mujer puede sufrir por el mero hecho de serlo más las discriminaciones que tiene que hacer frente una persona con discapacidad, precisamente por tener discapacidad.

Pero, aparte de esta sumatoria, existe otro tipo de discriminación, más difícil de percibir y abordar, que se produce en esa intersección gris entre construcciones sociales. Una mujer con discapacidad que se queja por no poder ir a una consulta ginecológica debido a la falta de accesibilidad o que ve fuertemente cuestionada su maternidad por el simple hecho de tener una discapacidad se enfrenta a un modelo de pensamiento producto de un entramado de prejuicios, que hilvanan mitos en torno a la discapacidad y el género, siguiendo una dinámica muy concreta que hay que estudiar y desmontar.

Esas quejas sólo van a salir de la experiencia de una mujer con discapacidad, de ninguna otra.

Ése es el ámbito que compete a la Fundación de una manera muy específica. Respondiendo a la pregunta de si hay discapacidades más discriminantes que otras, probablemente sigue existiendo una mayor estigmatización de algunas discapacidades en concreto, pero siempre es fruto del desconocimiento. No creo que sea necesario seguir con las etiquetas, sino precisamente ir desterrándolas.

¿Cómo calificaría el papel que desempeña la mujer con discapacidad dentro del movimiento asociativo?

La presencia femenina en la creación de redes y organizaciones ha sido constante en el movimiento asociativo de la discapacidad. Mujeres con discapacidad y madres de niñas y niños con discapacidad han luchado por organizarse de manera muy activa pero, cuando lo han conseguido, el papel gerencial ha pasado a manos de los hombres.

Ésta ha sido la tónica general en muchos movimientos sociales y responde al entrenamiento desigual que unos y otras hemos recibido para ser protagonistas y adoptar decisiones en el espacio público. A las mujeres con discapacidad hay que reconocerles esa labor de organización y, asimismo, el trabajo desarrollado en los últimos años dirigido a asegurar su presencia en los foros donde se adoptan decisiones. Por otro lado, hay que destacar sus esfuerzos por hacer entender a otros que la lucha por los derechos humanos pasa necesariamente por reivindicar sus derechos como mujeres.

¿Cuáles son, a su criterio, las grandes bazas con las que cuenta la mujer con discapacidad?

Más que hablar de mujer con discapacidad hablaría mejor de mujeres en plural, básicamente porque las identidades son plurales, complejas, y si bien la discapacidad es el factor que articula la labor que desarrolla la Fundación, se hace necesario realizar una acercamiento a la realidad social a través de instrumentos que nos permitan manejar apropiadamente la diversidad. Las bazas de las mujeres con discapacidad en el terreno que nos ocupa son innumerables.

Es fundamental la crítica que trazan en torno a los modelos hegemónicos construidos en torno al cuerpo femenino, por ejemplo, o a la sexualidad considerada no normativa, dentro de la cual incluiríamos la de las mujeres con discapacidad, o los modelos de maternidad fabricados en la sociedad patriarcal y que expulsa a las mujeres con discapacidad de sus estrechas lindes. La cuestión de la accesibilidad permeada por el enfoque de género es una línea de trabajo aún por descubrir.

También hay que plantear un nuevo modelo de cuidados que reconozca el papel activo que las mujeres con discapacidad desarrollan, desterrando esa idea de que son siempre objeto de cuidado, nunca proveedoras. Es necesario dar visibilidad a esa importante contribución que realizan, como tantas otras mujeres en nuestro país, y que nunca se traduce en cifras económicas.

En este sentido el cuidado puede ser resignificado de muchas maneras, ya que para las mujeres con discapacidad es sinónimo de autonomía e independencia.

El machismo en el mundo de la discapacidad, ¿es mayor, menor o igual que en el resto de los ámbitos sociales?

No hay diferencia en este aspecto. Las actitudes y los discursos machistas permean toda la sociedad. El hecho de que determinados grupos estén especialmente entrenados para detectar y abordar situaciones de discriminación concretas no significa que tengan conciencia sobre otras formas de exclusión que también pueden darse sobre las mismas personas.

Es decir, podemos ser muy reivindicativos de los derechos de las personas con discapacidad, pero no percibir otras formas de discriminación, como por ejemplo la discriminación de género. Esta dinámica se da en todos los sectores. Por eso este enfoque inter-seccional que citaba anteriormente es una vía para imaginar y trabajar por un mundo donde la diferencia sea un plus y nunca un déficit. Uno de los grandes obstáculos a la hora de planificar políticas de inclusión es la ausencia de datos (o de actualidad de los mismos).

A este respecto, ¿tiene pensado alguna acción concreta?

Una de las reivindicaciones tradicionales del movimiento de mujeres con discapacidad es aparecer en las estadísticas. Sencillamente esta invisibilidad redunda en la imposibilidad de diseñar políticas y estrategias dirigidas a mejorar sus condiciones de vida. Como señalaba anteriormente vamos a demandar la puesta en marcha de una macro-encuesta sobre violencia que permita conocer qué está ocurriendo con las mujeres con discapacidad en este ámbito y, por supuesto, seguir exigiendo que se incluyan indicadores relacionados con la discapacidad en todos los estudios e informes que se elaboren. Un asunto preocupante es la violencia machista.

¿Se sabe cuál es el perfil de la mujer con discapacidad maltratada?

No es posible hablar de un perfil cerrado cuando hablamos de este tema. Ni la clase social, la discapacidad, la etnia, o la orientación sexual son elementos que definan la violencia de género pero sí mismos. Obviamente son factores que deben observarse y que pueden ubicar a una mujer concreta en una situación de especial riesgo; sin embargo, la violencia machista hunde sus raíces en los estereotipos y mitos de género.

Cualquier mujer, por lo tanto, puede ser víctima de este tipo de violencia. Lo que sí varía en estos casos es la forma en la que dicha violencia puede ejercerse y la desigual respuesta que los recursos públicos ofrecen cuando la víctima es una mujer con discapacidad.

En este sentido, las mujeres con discapacidad deben tomar conciencia de sus derechos y reaccionar ante los casos de violencia, ya que muchas han llegado a asumir como normales determinados comportamientos violentos contra ellas. Asimismo, y en paralelo, hay que trabajar para que la administración pública ofrezca respuestas adecuadas a necesidades concretas, en cualquier eslabón de la cadena.

Debe existir seguridad de que si una mujer con discapacidad quiere denunciar no va a existir obstáculo de ninguna índole para ello o que si tiene que acceder a una casa de acogida las barreras arquitectónicas no le impidan el acceso.

Un deseo para este 2015...

Estructurar un movimiento crítico, dinámico y participativo, donde las mujeres con discapacidad sean las que decidan libremente hacia dónde quieren ir y cómo hacerlo.

El movimiento de personas con discapacidad ha dado un importantísimo paso adelante en la reivindicación y defensa de los derechos humanos de las personas con discapacidad en su conjunto, ya que trabajar para erradicar la desigualdad de género no es un asunto de mujeres, sino una cuestión que implica necesariamente a mujeres y hombres.

23/02/2015

FUENTE: Solidaridad Digital